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¿Cómo afrontar con éxito los procesos de reestructuración empresarial? (III) Cuando la reestructuración es positiva

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Aunque cuando hablamos de reestructuración todos pensamos en negativo, es decir, cierres de centros de producción, cancelación de líneas de negocio, despidos, venta, etc. lo cierto es que también los procesos de reestructuración se deben entender en positivo. Innovaciones tecnológicas, cambios en las tendencias de consumo más o menos acusados, entrada o salida del mercado de competidores, globalización de los mercados que impulsa la búsqueda de nuevos modelos de negocio, entrada de capital que aumenta la disponibilidad de recursos financieros, etc. pueden ser un indicativo de que la compañía se relanza y despunta por lo que deberá prepararse para abordar una nueva situación.

Otros ejemplos de “reestructuración positiva” son sin duda, los procesos de fusión, adquisición o internacionalización, procesos que demandan un ajuste corporativo a todos los niveles. Reordenar las piezas para aprovechar al máximo la situación será el objetivo de una restructuración que servirá para reforzar los puntos fuertes de la empresa.


Reestructurarse para internacionalizarse

Los procesos de reestructuración pueden observarse desde una óptica positiva. Cuando una compañía crece bien porque ha decidido explorar nuevos mercados, no sólo nacionales sino internacionales, bien abriendo delegaciones en diferentes países al de origen, bien exportando productos fuera de las fronteras o bien con representantes comerciales en distintas zonas de otros países, incluso, de otros continentes, también necesita reestructurar sus procesos. En esa reestructuración deberán tenerse en cuenta una serie de elementos que ayuden a la empresa a aprovechar la oportunidad de impulsar su crecimiento y, sobre todo, a favorecer y mantener la rentabilidad del negocio.

Entre los muchos procesos que se verán afectados en el intento de expandir la empresa a nuevos horizontes destacan los relacionados con el suministro y la logística que a su vez, plantea diferentes retos a la hora de ajustar los ciclos de producción para satisfacer la demanda creciente, sin incurrir en costes disparatados.

La empresa también deberá aceptar otras reglas de juego diferentes a las que estaba acostumbrada, tanto a nivel fiscal, como contable, laboral y social. Y, además de los múltiples desafíos empresariales que implica la internacionalización, también se deberá prestar atención a la perspectiva tecnológica para hacer de ella un aliado y no un elemento distorsionante. En este sentido, deberíamos hablar de tecnología que aporte una visión global y facilite la interoperabilidad transaccional.

La planificación de los recursos empresariales, ya sean materiales, financieros, contables o laborales, deberán ir en sintonía con la estrategia de internacionalización y, aunque, en términos generales la metodología de reestructuración es muy similar a la que hemos planteado en los post anteriores, lo cierto es que la reorganización en base al crecimiento es más “agradable” que la de urgencia para “salvar los muebles”.


Pensando en voz alta

A modo de conclusión, sin querer escribir un manual teórico sobre cómo y cuándo abordar un proceso de reestructuración empresarial sí me gustaría que, al finalizar la lectura de este artículo se pudieran sacar algunas ideas interesantes:

  • Para reestructurar primero hay que analizar
  • Tras analizar hay que planificar y después evaluar y asentar
  • La reestructuración tiene que tener el foco en el largo plazo
  • La reestructuración, aunque a veces conlleva acciones dramáticas, en su contexto global aporta ventajas al conjunto
  • Reestructurar para sanear es sólo una pata del banco. También podemos reestructurar para crecer y para aprovechar nuevas oportunidades
  • En los procesos de reestructuración, la tecnología juega un papel destacado. También las personas, pero éstas deberán fundamentar sus decisiones sobre los datos que arrojan los sistemas informáticos.
Datisa

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