COVID-19 y la teoría del cisne negro

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En situaciones inesperadas e impactantes y, que, muchas veces – aunque no siempre- sobrevienen con una carga negativa importante, se hace más necesario que nunca reforzar la resiliencia. En el entorno de las pymes, tras la COVID-19 hablaremos, por supuesto, de empresas más resilientes en términos económicos, pero, sobre todo, en términos de oportunidad. Hablaremos de organizaciones mucho más flexibles, mucho más ágiles y mucho más dispuestas a buscar oportunidades incluso en las situaciones de mayor adversidad. 

Hay quienes ven en la crisis del COVID-19 el nuevo cisne negro de la economía mundial. El creador de esta teoría es el economista Nassim Nicholas Taleb autor del libro The Black Swan. La teoría del cisne negro es, en realidad, una grandísima bofetada a la estadística, a la ley de la probabilidad, a lo previsible.

Se habla de cisne negro cuando sucede algo, a priori, altamente improbable cuyas consecuencias son impactantes. Son hechos que, a posteriori, tienden a explicarse de forma que pueda encajar en el modelo convencional de lo previsible, sin tener en cuenta el azar. En la historia encontramos muchos casos: el impulso de la farmacéutica Pfizer con el descubrimiento de la Viagra, el éxito de Google o Netflix. Hoy, incluso, estamos metidos de lleno en la espiral de uno de los mayores cisnes negros de la historia. La pandemia mundial ocasionada por la COVID-19 que pocos pudieron prever y a nadie se le ocurrió planificar.

Los números no explican todo lo que está por venir. Hay que animar a las mentes creativas a que imaginen, incluso, lo “imposible”. Clic para tuitear

Los cisnes negros forman parte de nuestro mundo. Están, en estado latente, en nuestro entorno, en nuestra propia esencia. Y, por supuesto, están presentes en la naturaleza de cualquier organización que, como hemos dicho tantas veces, son “organismos vivos”, en continua evolución y muy expuestos a los vaivenes del entorno.

El valor de lo desconocido

Muchas veces -casi siempre- nos centramos en lo conocido. En el área financiera, por ejemplo, las empresas suelen poner el foco en el análisis de los hechos pasados. Se elaboran informes y reportes, minuciosos y detallados que explican el origen de unos fondos, o de unos gastos concretos. En las áreas más avanzadas se planifican presupuestos e inversiones, pero siempre sobre la base de la información que ya tenemos. Pero ¿qué pasa cuando sucede algo imprevisible, algo tan disruptivo como una pandemia mundial? ¿qué pasaría si tuviéramos que parar la producción X semanas? ¿cómo impactaría en nuestra cuenta de resultados si toda la gente tuviera que trabajar desde sus casas?

Hasta hace apenas unos meses, estas opciones ni siquiera se pasaban por la mente de ningún empresario, gestor o manager. Primero, porque ninguno de los profesionales que están hoy en activo han vivido una situación similar. Y, segundo, porque la probabilidad de que algo de esto pasara de súbito era francamente pequeña. Pero pasó. Y hallamos al gran cisne negro del S.XXI. Quizá el primero de ellos. No sabemos cómo ni cuándo encontraremos otro. Lo que sí sabemos, o, al menos, deberíamos aprender, es que dar la espalda a la posibilidad de que volvamos a encontrarnos de nuevo ante este fenómeno nos impedirá descubrir nuevas oportunidades y nos hará mucho más vulnerables.

Por lo tanto. Primera lección: los números no explican todo lo que está por venir. Hay que animar a las mentes creativas a que imaginen, incluso, lo “imposible”. A pesar de que las explicaciones que se encuentran dentro de lo establecido, de lo comprensible, de la estructura, digamos, convencional, nos conforman más y nos dan seguridad, hay que aventurarse a introducir, en nuestras planificaciones y visualizaciones a futuro, las posibilidades de encontrarnos ante escenarios inimaginables.

Lo previsible y lo imprevisible, todo cuenta

En su teoría del cisne negro, Nassim Nicholas Taleb cuestiona, por ejemplo, la forma en la que se realizan los análisis económicos para predecir el futuro. Es, como decía antes, una extrapolación de datos sobre hechos pasados. Son, por tanto, previsiones que, tarde o temprano, se verán sacudidas por un hecho, más o menos, impredecible que dará al traste, para bien o para mal, con todas estas previsiones. Con carácter retrospectivo se podrán explicar los orígenes y el porqué de su impacto, pero eso no hará que las organizaciones sean más resilientes. Solo servirá para teorizar y tratar de explicar por qué se produjo el hecho disruptivo en cuestión y por qué se podía haber evitado.

Pero todas esas explicaciones darán igual porque solo servirán para explicar algo a lo que ya se ha enfrentado la organización y, en el mejor de los casos, para estar preparados y responder positivamente si se produce un hecho similar. Ahora bien, no servirá para afrontar otro hecho disruptivo que sea diferente, inesperado, improbable e impactante. Así que, segunda lección: las reglas para encarar un cisne negro no son replicables para enfrentarse a todos los cisnes negros que estén por venir.

La tecnología frente al cisne negro

La COVID-19 nos ha enseñado la importancia de crear empresas más resilientes desde el punto de vista financiero. Hemos aprendido que el cliente o el usuario debe estar siempre en el centro, que debemos procurarle experiencias supremas y que las personas están por encima de todo. El talento de las organizaciones es, si no, la mejor baza de las empresas, sí, al menos, la más importante. Por eso, cuidar su salud, proporcionar las herramientas y el entorno óptimo para desempeñar sus funciones y garantizar la formación continua, la colaboración y el trabajo en equipo, serán claves para identificar las oportunidades que, seguro, nos dejará este gran cisne negro.

En este sentido, cabe destacar en positivo, el papel que han desempeñado los ERP durante los meses de más complicados. También su contribución sigue siendo crucial más allá de las primeras semanas. Y, sí. Por mucho que un ERP es, por definición, un sistema de planificación de recursos empresariales, que toma como referencia datos históricos e información del momento para proyectar sus planificaciones, las pymes que han contado con un ERP en su modelo de gestión han podido:

  • Agilizar su estructura y sus procesos. Y no solo agilizar, sino imprimir continuidad al negocio, dotar de la estabilidad que necesitan los equipos en situaciones de gran adversidad. Las organizaciones que operaban con un ERP en la nube o bajo el modelo de pago por uso, han podido implementar el trabajo en remoto fácilmente. La tecnología también ha facilitado la adaptación estructural a las necesidades del momento, por ejemplo, en empresas que se han acogido a un ERTE.
  • Disponer de información actualizada. Cuando estás en el epicentro de un gran “huracán” como ha sido la COVID-19 es vital disponer de información actual. Información que se recibe en tiempo real y que permite monitorizar y tomar decisiones, también, sobre la marcha.
  • Des-burocratizar los procesos. La idea es que cuando todo parece que se desmorona a tu alrededor, puedas encontrar la respuesta que necesitas, en el momento en el que la demandas. Por eso, des-burocratizar los procesos ha permitido, no solo, agilizar sino fidelizar a base de la rapidez, de la cercanía y de la transparencia.

Por lo tanto, tercera y última lección: si tu empresa aún no trabaja con un ERP o si crees que está desactualizado o incompleto, busca alternativas de cambio. En Datisa estaremos encantados de ayudarte a identificar el punto digitalización en el que se encuentra tu organización y proponerte la mejor solución posible para tu negocio. Contacta con nosotros.

Datisa

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