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Hacerse mayor, no es lo mismo que madurar

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“Son conceptos que generalmente suelen ir relacionados.
En tecnología, no”

Seguramente, muchos de nosotros estamos padeciendo la astenia que provocan los primeros días del otoño. Esta astenia que nos debilita y nos resta vitalidad, tanto física como intelectual y que reduce nuestra capacidad de trabajar. Es una sensación pasajera y a medida que nuestro cuerpo y nuestra mente se van adaptando a la nueva situación, nos vamos “poniendo las pilas” porque ni el mundo ni el tiempo se paran.

Y es precisamente ese no parar del tiempo el que hace que las personas y también las empresas vayan haciéndose mayores. Es una cuestión inevitable y lógica. A más años, más viejo, perdón… más mayor. Desde la perspectiva personal, no es ni bueno ni malo. Cada etapa de la vida tiene unas ventajas y unas debilidades. Cuando eres un bebé, necesitas y disfrutas de cosas diferentes que cuando tienes 10 años. Cuando dejas la infancia y te metes en la adolescencia, vives unas convulsiones que a los 30 casi has olvidado, y a los 40 y a los 50 y, en fin, a cada una de las etapas vitales le corresponden unas experiencias, unas inquietudes, unos gustos, unas maneras de hacer las cosas, de vivir los retos, de cumplir objetivos…

En términos empresariales pasa algo muy parecido. Cuando nace una empresa, una vez determinado cual será su core, su target, sus objetivos y sus estrategias, digamos que las perspectivas son diferentes que cuando, pasados algunos años, empieza a consolidarse en el mercado. O cuando cumple su primera década, lo que podríamos considerar su mayoría de edad.  Si la empresa es capaz de llegar hasta los 30 podremos decir, sin temor a caer en la arrogancia, que la organización será un referente en su actividad y que bien podrá servir como ejemplo para otras más incipientes que buscan su hueco en el complicado mundo de los negocios.

 

Aprendizaje, intercambio e innovación, son conceptos ligados a la madurez

Crecer, hacerse mayor, cumplir años, es algo inevitable y, por tanto, poco o nada se puede hacer al respecto. Pero adaptarse a cada momento, buscar la parte positiva de cada etapa, construir nuevas ilusiones, nuevos objetivos, APRENDER a hacer las cosas de otra manera, DISFRUTAR con lo que vendrá, COMPARTIR e INTERCAMBIAR la experiencia de los mayores y el empuje de los más jóvenes,… todo eso, es madurar.

 

Desde el punto de vista tecnológico, hacerse mayor o cumplir años y madurar, no es lo mismo.

Tan es así que lo primero podría incluso tener una connotación negativa en el sentido de que la tecnología se entiende como algo que debe ser actual, innovador, rompedor, nuevo, es decir, “joven”. Y, por lo tanto, cualquier empresa tecnológica que se aleje de ese estándar, está corriendo el riesgo de ser percibida como una institución obsoleta o anclada en el pasado.

Una empresa MADURA, sin embargo, reúne todas las cualidades positivas del paso del tiempo. Este tipo de organizaciones suman básicamente dos componentes que podríamos considerar indispensables para convertir edad, en madurez. Estos son: INNOVACIÓN y FORMACIÓN CONTINUA.

 

Innovación

La innovación le permitirá estar siempre a la vanguardia, no sólo en cuanto a sus productos, también en cuanto a sus procesos. Unos y otros, deberán actualizarse constantemente, se deberá estar en búsqueda permanente de soluciones nuevas, más avanzadas, más potentes y más completas y se deberá apostar por aplicativos que incorporen los últimos avances tecnológicos, siempre. Esto, nos lleva a la segunda característica básica que define a las empresas tecnológicas maduras.

 

La Formación

El estudio y el análisis de todo aquello que, directa e indirectamente, puede afectar al desarrollo de la actividad empresarial: los ciclos económicos, la madurez del mercado, los cambios en los hábitos de los consumidores, las nuevas necesidades que se generan al amparo de nuevas tecnologías, como ahora podríamos mencionar el cloud, la movilidad, el internet de las cosas o, sencillamente, la manera de aprovechar al máximo lo que el mercado pone a su disposición.

Fuera como fuese, lo cierto es que la formación o el impulso de seguir aprendiendo para seguir mejorando, es lo que hace que un hombre listo se convierta en un genio. Si trasladamos esto al ámbito empresarial, una organización capaz de mantener la formación continuada en el centro de sus aspiraciones, será capaz de poner en valor el conocimiento acumulado en sus experiencias y trasladará a sus clientes, a través de las soluciones que les ofrezca o del servicio que les preste, esa seña de identidad que va impresa en el propio ADN de la compañía y que hace que las cosas, las personas y el entorno, sea cada día un poco mejor.

 

Cumplimos años

Todo este speach me sirve para contar que en DATISA cumplimos este año 35 primaveras, algo que para una empresa tecnológica y española, dicho sea de paso, es poco menos que un milagro. Sin embargo, nosotros estamos convencidos de que los milagros, al menos en los negocios, se construyen a fuerza de tesón, de ánimo positivo y de mucho trabajo. Por eso, nos planteamos este recorrido, como una primera etapa de aprendizaje que nos servirá para seguir haciéndonos mayores, desde luego, pero sobre todo, para seguir madurando.

Datisa

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