Las pymes deben poner de moda la innovación y la tecnología

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“El Ejecutivo, los empresarios, las grandes corporaciones tecnológicas y todos los agentes implicados, deben contribuir a ello”

La innovación dicen que es una de las principales palancas de crecimiento de un país. Pero, ¿qué es en realidad la innovación? Más de 25 definiciones de la misma, confunden más que aclaran. Por lo que tampoco resulta extraño que casi nadie, sepa realmente lo que significa innovar y que la puesta en práctica de esta disciplina, imprescindible por otra parte, para mantener la buena salud, no sólo de cualquier empresa, sino de cualquier país, resulte más un ejercicio de buena voluntad que una acción planificada e integrada en la estrategia empresarial o gubernamental de cualquier Estado.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) aporta una descripción “oficial” de lo que es innovar y dice que se trata de “un proceso iterativo activado por la percepción de una oportunidad proporcionada por un nuevo mercado y/o nuevo servicio y/o avance tecnológico que se puede entregar a través de actividades de definición, diseño, producción, marketing y éxito comercial de un invento”.

 Esta definición choca de bruces con la realidad de un país, conformado, según el Directorio Central de Empresas (DIRCE), por más de 3.142.928 pequeñas y medianas empresas, en las que la reducción del gasto corriente en I+D empresarial demuestra que la crisis está destruyendo su ya maltrecha capacidad investigadora. La innovación, que no debería ser considerada como una alternativa empresarial, sino como una necesidad para sobrevivir en un mercado fuertemente competitivo, tiene que verse impulsada por los diferentes agentes económicos que conforman la fuerza de un país, es decir, empresas y gobierno. Sin embargo, lo que está sucediendo es justo lo contrario. El Estado cierra el grifo y la financiación para investigar e innovar pasa a ser casi una utopía y así, la palanca de crecimiento, se convierte en palos colocados en unas ruedas que no consiguen arrancar.
 

La tecnología incrementa la productividad de las empresas

Y, ¿qué pasa con la tecnología? Las TIC hacen a las empresas más competitivas, más productivas, más eficientes y, por supuesto, aunque resulte obvio y quizá, hasta superficial, las hace más “modernas”. En este aspecto, parece que las cosas van un poco mejor y, aunque de una manera lenta, lo cierto es que, tanto empresas privadas como públicas, han tomado conciencia de la necesidad de implantar y utilizar la tecnología para seguir avanzando. Esto, o quizá, no les ha quedado más remedio que hacerlo, pues las nuevas generaciones de emprendedores y directivos, nativos digitales, no conciben en mundo empresarial tan “alejado” y diferente, desde el punto de vista tecnológico, de su ámbito particular.

Por una parte, Internet, o lo que ahora llamamos de manera más “profesional” la Nube, ha cambiado no sólo la forma de trabajar en las empresas, sino que ha impuesto nuevos hábitos de comunicación y de relación entre las organizaciones y, por supuesto, entre los propios trabajadores de las mismas. Éste fue uno de los primeros pasos. Después han venido, las tecnologías que apuestan por la movilidad, las redes sociales, el Big Data, el BYOD y otras tantas que han marcado y están marcando, el compás de un cambio en la forma de hacer no sólo de las empresas, sino de la sociedad en general.

Estos cambios deben ser impulsados por políticas de financiación que ayuden a las empresas, a todas ellas, pero quizá con más ímpetu a las pequeñas y medianas organizaciones, a las micropymes y a los nuevos emprendedores a implantar sistemas y metodologías de trabajo fundamentados en la tecnología. Ahorro de costes, eficiencia en los procesos, automatización de tareas rutinarias, incremento de la productividad, liberalización de recursos y mejor ubicación de los mismos y mejora del clima laboral, son sólo algunas de las ventajas derivadas del buen uso de la tecnología en el entorno de trabajo.

 

Si vuelve la financiación, por dónde empezar a invertir

Hace un par de semanas, la Unión Europea y el Gobierno aprobaban “nuevas medidas para estimular la economía”. Su objetivo es hacer que el crédito vuelva a fluir. Para lograrlo, el Banco Central Europeo y el Ejecutivo destinarán casi medio billón de euros. Un dinero cuyo objetivo prioritario son las pymes. Los pequeños empresarios saben lo importante que es tener una línea de crédito y, por eso, muestran su agrado con la medida.

Así las cosas, parece que el “valle de lágrimas” en el que gran parte del tejido empresarial ha estado inmerso en los últimos tiempos parece que está llegando a su fin. De nuevo, el dinero volverá a fluir desde las entidades bancarias. Y si esto finalmente resulta ser cierto, ¿por dónde deben empezar a invertir las pymes?, ¿cuáles son sus prioridades? Lógicamente, las necesidades de cada empresa son diferentes. Sin embargo, algo que une a todas ellas es el común denominador de tener que gestionar de manera eficaz sus recursos.

Por eso, invertir en un ERP puede ser una de las mejores inversiones para una pyme, con un claro –y rápido- retorno de la inversión. Puesto que la implantación de un sistema de gestión empresarial puede ayudar a una organización a ser más eficiente en el corto plazo, el gerente podrá gozar de una mayor capacidad económica y reinvertir finalmente en otras partidas que sean de su interés: contratación de recursos humanos (si fuera menester), adquisición de otros bienes o servicios, etc.

En cualquier caso, es tarea de todos, que la innovación y la tecnología vuelvan a estar de moda porque sólo de ese modo, estaremos contribuyendo de manera solidaria, a impulsar el crecimiento de un país, en el que ambos conceptos deben ser la base real de una economía que parece que empieza a despertar de su letargo.

 

Datisa

Datisa

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