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Retos para la digitalización de las pymes

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Transformación digital, digitalización, tecnología digital, habilidades digitales, liderazgo digital, … podría seguir enumerando términos acompañados del adjetivo más de moda: DIGITAL Ahora bien, aunque mola decir que seguimos las directrices evolutivas del mercado, que nos subimos al tren de la innovación y que, en definitiva, como empresas cumplimos los requerimientos que nos imponen los nuevos clientes/usuarios -esos sí que son digitales-, la verdad es que a las pymes aún les queda mucho camino por recorrer.

Y no es que el ecosistema de la pequeña y mediana empresa no tenga claro las ventajas -o, mejor dicho, la necesidad imperiosa- de digitalizarse. Lo que sucede es que, a veces, damos por hecho que el proceso es tan evidente como sencillo. Y no. Implementar un proceso de digitalización requiere, además, de entender que el cambio es necesario, una estrategia, un método que no siempre es fácil desarrollar.

Por otra parte, las pymes siguen mostrándose temerosas para afrontar el cambio y el miedo a fracasar supone un importante freno para poner en marcha su verdadera transformación. Pero no solo el miedo paraliza la digitalización de las pymes, se me ocurren algunos otros frenos que justifican esta contención al cambio:

Los retos de las #pymes ante su #transformaciondigital Clic para tuitear

Miedo al fracaso

El miedo paraliza y eso es un hecho. Nos sucede en el ámbito personal y también en el entorno profesional. Las pequeñas y medianas empresas, tan sensibles a los cambios y a las consecuencias -positivas o negativas- de los mismos, deben evaluar y medir muy bien sus pasos, porque un error puede provocar efectos devastadores. Pero no seamos alarmistas. Las pymes de este país han demostrado su habilidad para enfrentarse a situaciones comprometidas. Su transformación digital está interiorizada, solo falta encontrar el modo más “seguro” de abordarla.

En esa búsqueda no solo interviene el factor tiempo, un recurso que escasea en el entorno de las pymes. También la cuestión económica tiene mucho que ver en el asunto.

¿Qué se puede hacer?

Para minimizar el miedo, lo mejor es disponer de toda la información posible. ¿En qué punto estamos? ¿Dónde queremos estar? ¿Qué recursos tenemos para llegar al objetivo? ¿Cómo vamos a financiar el proceso? Todas estas son cuestiones básicas. Encontrar las respuestas no siempre es fácil. Ahora bien. Si dispones de las herramientas necesarias para acceder a los datos objetivos, será más fácil tomar decisiones concretas. Podrás visualizar -con cifras- qué áreas son más estratégicas, qué equipos están más preparados, en qué entorno pueden impactar menos los cambios, etc. Y, a partir de ahí, empezar.

Un ERP te proporciona la información que necesites sobre la empresa. Bien, al detalle -un área concreta- bien, en global. Una vez que tengas los datos, será más fácil tomar decisiones. Y, si sabes que las decisiones que has tomado están respaldadas por la información -insisto, objetiva- será más fácil perder el miedo, porque será más sencillo prever las consecuencias.

Reticencia a la inversión

Eso es un hecho. Pocos cambios son los que no implican costes. Las pequeñas y medianas empresas compiten la mayoría de las veces, con presupuestos francamente pequeños. Eso hace que este tipo de organizaciones estén acostumbradas a “estirar” los recursos con los que cuentan y a llevar a la práctica extrema el principio del “más por menos”. Pero, la digitalización no se puede hacer a medias. Se puede abordar por etapas. Está bien marcar hitos e intentar alcanzarlos dentro del calendario establecido. Pero digitalizarse a medias, no vale. Y no vale porque la digitalización no va solo de implementar tecnología para automatizar procesos. Digitalizarse va de pensar diferente, actuar diferente, ser diferente, en definitiva, para ofrecer nuestros productos o servicios de siempre.

¿Qué se puede hacer?

El principio de contención, cuando hablamos de inversión y pymes en la misma frase, no es malo. De hecho, me parece incluso que está bien. Hay que ser contenidos y, antes de nada, entender el impacto -positivo y/o negativo- que tendrá esa inversión en el conjunto global del negocio.

Por regla general, los presupuestos en una pyme se van reajustando, a veces es necesario “quitar de aquí para poner allí”. Eso no es malo. Al contrario, forma parte de la flexibilidad de las pymes. Lo malo es no justificar ni controlar las “mordidas” que se hacen a unos presupuestos para mejorar otros. Por eso, las pymes que utilizan sus ERPs para gestionar su planificación presupuestaria pueden controlar mejor sus inversiones y las consecuencias que estas tienen para todos los departamentos que la conforman. Además, si todo está perfectamente documentado, será más fácil planificar en años sucesivos. El Retorno de la Inversión también es un detalle, a tener muy en cuenta. Hay que buscar el modo de impulsar un retorno rápido y seguro de lo que se invierte.

Desconocimiento no implica incumplimiento

Todavía me encuentro con algunos directivos que se excusan bajo el argumento del desconocimiento. “Ser de la vieja escuela” o “Yo ya estoy mayor” son excusas que en el contexto de los negocios no sirven. Es cierto que no es fácil adaptarse a los cambios, más aún, si estos vienen impuestos. Quiero decir que los usuarios han cambiado, la tecnología ha cambiado, las necesidades han cambiado, la legislación ha cambiado, … Pero, en realidad, esa es la esencia del emprendimiento. El cambio, la evolución, como queramos llamarlo.

En el caso concreto de la transformación digital es cierto que a las empresas que han nacido bajo el paraguas digital, les resulta cuanto menos curioso, que el proceso implique tanto recelo para el resto. Para este tipo de empresas, realmente lo digital es lo natural. Pero para los negocios que ya tienen un bagaje mayor y que nacieron en el siglo pasado -hace apenas 20 años- enfrentarse a conexiones en remoto, comunicaciones online o la exigencia de respuestas inmediatas ha supuesto, además de una readaptación tecnológica, una mentalización personal.

¿Qué se puede hacer?

Formación. Para mí, esa es la palabra clave. Formación para mejorar las habilidades y capacidades digitales. Formación para adquirir el conocimiento necesario para sentirse fuerte ante los cambios. Formación para encontrar respuestas. Formación en cualquiera de sus versiones. Presencial, e-learning, en grupo, individual, mentoring, formación concreta, formación genérica, formación técnica, … FORMACiÓN. Aprender es una práctica que reporta beneficios, siempre.

Y, además de aprender, rodéate de profesionales que sumen. No ser digital, o haber nacido en la época analógica, solo indica que tienes una edad determinada. Los verdaderos líderes son aquellos que se rodean de profesionales con altas capacidades, de los que también pueden aprenden. Cuando hablo de rodearse, extiendo el término no solo a los miembros del propio equipo, hablo de proveedores, hablo de todos los agentes implicados en su negocio, externos e internos.

Si trabajas en una pyme y estás pensando cómo abordar su transformación digital, por dónde empezar, a quién implicar, etc. puedes descargarte gratis esta Guía para la Transformación Digital de las Pymes.

Datisa

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