Tecnología “bendita”, que estás en los cielos…

“Hay quien adora y quien detesta la tecnología. El secreto, como en casi todo, está en encontrar el equilibrio”

Cuando en los distintos foros empresariales el directivo de turno menciona que su empresa va a dar el salto y va a invertir en cloud, alojando parte de sus herramientas profesionales en la nube, resulta altamente curioso cómo una especie de silencio suele inundar repentinamente la conversación.

A un lado, los defensores de la tecnología de la nube que quieren saber más, acerca de lo que ha hecho su colega, cómo ha sido la implementación, qué beneficios está obteniendo ya en el corto plazo, etc… Al otro lado, los detractores de tan “abominable” tecnología: permitir que parte de esas herramientas profesionales y, con ellas, todos tus datos (tu bien más preciado) estén fuera de la casa.

 

La ventaja de situarse en la punta de la innovación

Respecto a los primeros, los que se lanzan a la piscina, se encuentran los conocidos  como early adopters, aquellas personas –o instituciones- que analizan cada pocos meses todas las tecnologías existentes para sopesar cuál puede ofrecer un buen ROI, en diferentes vías. Estos early adopters son también aquéllos que suelen triunfar más claramente en sus negocios; no ya por aquello de que quien golpea primero, golpea dos veces; sino porque su mentalidad empresarial se resumiría en estar siempre en la punta de la innovación. Sí, es cierto: también con el consiguiente riesgo de equivocarse en algunas de sus decisiones, mientras la competencia espera impaciente la reacción. Si es positiva, todos le seguirán; en caso contrario…ya sabemos qué sucederá.

Pero ser un early adopter en tema cloud no es ni algo novedoso ni tampoco muy exclusivo de unos pocos miles de usuarios en el mundo. En realidad, el desconocimiento cuando se ha hablado de “la nube” ha llevado a un elevado porcentaje de empresas a pensar que sus datos serían ahora cautivos de terceros, casi casi como si hubiéramos vendido a coste cero toda nuestra información. Sin embargo, para alegría de muchos millones de usuarios, el cloud es casi tan antiguo como la propia Internet; y el sistema SaaS, donde el software se comercializa como un servicio, está ya en fase adulta. ¿Difícil de creer?

Usted que está leyendo este post, probablemente quiera compartirlo con algunos compañeros de trabajo y –quizás- lo enviará a cuentas particulares de e-mail. Ahora, ¿qué es Hotmail o Gmail, más que una plataforma de correo electrónico… en la nube? Que, por cierto, si su empresa cuenta con el servicio de correo electrónico de Google, en versión profesional, ha de saber que está operando con una plataforma donde su empresa “alquila” dicho servicio, ajustando el número de usuarios según crece la compañía, abriendo más buzones, contratando más espacio para albergar y compartir documentación, etc; es decir: ¡Saas!

 

Nada nuevo y mucho camino por recorrer

Como vemos, la nube no es nada nuevo. Lo que sí sucede es que la crisis por la que muchas compañías han atravesado estos largos años han propiciado que tengan que reinventarse casi de manera continua; y una de las principales inquietudes ha sido la de acceder a nuevas formas de adquirir (y consumir) tecnología. Y en este punto, ciertamente muchos proveedores de servicios han captado las necesidades de las empresas, ofertando sus soluciones en nuevas modalidades de pago.

Por tanto, hablar de cloud es hablar también de SaaS. Son dos conceptos íntimamente relacionados. Es decir, la comercialización de un software como servicio sólo se puede dar si es a través de la nube, depositando “ahí arriba” la correspondiente plataforma de gestión empresarial, el gestor de correo electrónico, o la gestión de Recursos Humanos, la contabilidad,… lo que sea, pero que aporte un gran valor añadido a la compañía y que incremente la eficiencia de la misma en aras de crecer de manera sostenible.

A modo de conclusión, imagino que cuando usted efectúa una llamada o envía un mensaje a través de su Smartphone por cualquier de las diversas plataformas de comunicación (Line, Whatsapp, etc.) no se pone a pensar en la tecnología que subyace: usted quiere escribir un mensaje, darle a un botón y que lo que ha escrito aparezca en el terminal del destinatario. Usted quiere comunicarse. Conectarse, enviar el mensaje y punto final. Con las plataformas de gestión empresarial sucede algo similar: a usted no le importa –siempre y cuando certifiquen las garantías de seguridad correspondientes- cómo o con qué tecnología almacena su empresa proveedora de servicios todos los datos. Lo que sí quiere es poder acceder a los susodichos en cualquier lugar y momento.  Y en este sentido, la Nube proporciona a las empresas un buen número de prebendas, amén del consabido ajuste de costes.

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